La web de tu despacho, escrita para que te llamen
Quien busca abogado no entiende de procedimientos: sabe que tiene un problema y quiere saber si tú lo resuelves. La web tiene que traducir tus áreas de práctica a los problemas que la gente escribe en Google.
Traduce tus áreas de práctica
La mayoría de webs de despacho listan «Derecho civil», «Derecho mercantil», «Derecho laboral». Es exacto y no sirve: nadie busca eso. Buscan «me quieren echar del piso de alquiler», «no me pagan la nómina», «cómo reclamar una herencia».
Escribo las secciones desde el problema del cliente y luego encajo el área. No es simplificar de menos: es que la primera frase que lee sea la suya. El rigor viene inmediatamente después, y ahí es donde se demuestra el nivel del despacho.
Confianza: quién eres y de qué respondes
En un despacho, la página «quién soy» convierte más que la portada. Debe llevar nombre completo, colegio profesional y número de colegiado, años de ejercicio y el tipo de asuntos que llevas habitualmente. No hace falta inflar nada: la precisión es lo que da confianza.
Lo que no puede llevar: garantías de resultado, comparaciones despectivas con otros profesionales, ni casos identificables. El secreto profesional no admite matices y la web es publicidad a todos los efectos.
Un contacto que filtra
El problema de muchos despachos no es la falta de contactos, sino atender consultas que nunca van a contratar. La web puede filtrar antes: explicando con claridad qué asuntos llevas y cuáles no, y pidiendo en el formulario el tipo de asunto y una descripción breve.
Ojo con ese formulario: en cuanto alguien te cuenta su caso, hay confidencialidad. Pido lo mínimo para poder devolver la llamada, con consentimiento explícito y política de privacidad enlazada, y la conversación de fondo se tiene por teléfono o en despacho.
Contenido: pocos artículos, muy buenos
Un despacho pequeño no compite en volumen con los portales jurídicos, pero sí puede ganar búsquedas concretas de su zona y de su especialidad. Tres o cuatro artículos que respondan de verdad a una duda frecuente rinden durante años y te traen consultas ya cualificadas.
Si te interesa esa vía, la web sale preparada para ello y te digo qué escribir. Redactar el fondo jurídico tienes que hacerlo tú: es tu criterio profesional, no puedo firmarlo yo.
Qué entra y cuánto tarda
Siete días desde que me dices que sí: hablamos, te propongo diseño y textos ya escritos, ajustamos en dos rondas y publico. Entra el dominio, la publicación, la ficha de Google, el aviso legal con los datos colegiales y la formación para que lo edites tú mismo. El presupuesto se cierra por escrito antes de empezar, sin cuotas ni permanencia.
Dudas frecuentes
¿Puedo publicar los casos que he ganado?
Con mucho cuidado. El secreto profesional y el deber de confidencialidad son deontológicos, no opcionales, y alcanzan a todo lo que sabes del cliente. Se puede hablar de tipos de asunto y de criterios en abstracto, nunca de un caso identificable sin autorización expresa. Y jamás garantizar un resultado.
¿La primera consulta gratis funciona?
Sube el volumen de contactos y baja su calidad: atraes consultas que no van a contratar. Alternativa que funciona mejor: una llamada corta de orientación, dejando claro qué entra y qué no. Filtra sin regalar tu tiempo.
¿Qué obligaciones legales tiene la web de un despacho?
Las generales de la LSSI-CE (identificación completa, incluido el colegio profesional y el número de colegiado) más el RGPD. Si el formulario recoge datos de un asunto, entra en juego el deber de confidencialidad desde el primer mensaje, así que conviene pedir lo mínimo.
¿Merece la pena escribir artículos jurídicos?
Sí, pero pocos y buenos. Un artículo que responde de verdad a lo que la gente busca ("qué hago si me despiden estando de baja") trae clientes durante años. Veinte artículos genéricos copiados de un boletín no traen ninguno y ensucian el dominio.
¿Hablamos de la web de tu despacho?
Te respondo en 24 horas con una propuesta concreta y el presupuesto cerrado. Trabajo con negocios de Madrid y alrededores. Si no encaja, te lo digo y ya está.