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Guía

Cuánto cuesta una web para un negocio local

Pides tres presupuestos y te llegan tres números que no se parecen en nada. No es que uno te esté engañando: es que casi nunca estás comparando lo mismo.

Lo que se paga una vez y lo que se paga siempre

Cualquier web, la haga quien la haga, tiene dos tipos de coste:

  • El trabajo de hacerla: diseño, textos, fotos, montaje, publicación. Se paga una vez (o repartido en cuotas, pero es un importe cerrado).
  • Lo que la mantiene viva: el dominio (unos 15 € al año) y el alojamiento (desde unos 60 € al año en soluciones sencillas). Esto se paga siempre, la haga quien la haga.

Cuando un presupuesto parece barato, lo primero que conviene mirar es si el dominio y el alojamiento están dentro, a nombre de quién quedan y qué pasa si algún día te vas.

Dónde está de verdad la diferencia: el contenido

Montar la estructura de una web pequeña son unas horas. Escribir lo que pone, decidir qué va primero, conseguir que las fotos se vean bien y que el texto convenza es la mitad larga del trabajo. Ahí es donde se separan los presupuestos.

Si un presupuesto es notablemente más bajo, pregunta quién escribe los textos. Si la respuesta es «los mandas tú», ese trabajo no ha desaparecido: te lo has quedado tú, y suele ser el motivo por el que muchas webs se quedan a medias durante meses.

Lo que se te va sin darte cuenta

  • Los cambios sueltos. Pregunta cuántas rondas de cambios entran y qué cuesta un cambio a partir de ahí. Sin eso escrito, es donde crecen las facturas.
  • La dependencia. Si no puedes cambiar un horario o un precio sin llamar a alguien, cada temporada te cuesta dinero. Que te formen para editarlo tú.
  • Las licencias y extras. Plantillas y plugins de pago con renovación anual que aparecen al año siguiente sin avisar.
  • El rehacer. Una web mal planteada se rehace en dos años. Es el sobrecoste más caro de todos y el que menos se ve en el presupuesto inicial.

Cómo comparar dos presupuestos de verdad

Pide que cada presupuesto conteste por escrito a estas seis preguntas:

  1. ¿Quién escribe los textos?
  2. ¿Quién consigue y prepara las fotos?
  3. ¿A nombre de quién queda el dominio?
  4. ¿Cuántas rondas de cambios entran?
  5. ¿Puedo editar horarios, precios y fotos yo mismo?
  6. ¿Qué pasa si dentro de un año quiero llevármela a otro sitio?

Con esas seis respuestas al lado, los números empiezan a compararse solos. Y si un presupuesto no las contesta, ya sabes bastante.

La pregunta que importa más que el precio

Una web para un negocio local no es un gasto de imagen: es un canal para que te llamen, te reserven o te pidan. Antes de decidir por precio, decide qué tiene que conseguir. Si con una llamada más a la semana ya se paga sola, el debate era otro.

Dudas frecuentes

¿Por qué hay tanta diferencia de precio entre presupuestos?

Porque casi nunca se está comparando lo mismo. Un presupuesto puede incluir los textos escritos, las fotos retocadas y la ficha de Google, y otro darte una plantilla donde tienes que meter tú el contenido. El trabajo de contenido es la mitad del proyecto y es lo primero que se recorta para bajar el número.

¿Es mejor pago único o cuota mensual?

Depende de si la web es tuya al final. Una cuota mensual que incluye alojamiento y soporte puede salir bien; una cuota que además te retiene el dominio y los archivos significa que no puedes irte. Antes de firmar, pregunta a nombre de quién queda el dominio y si te entregan la web si te marchas.

¿Y las webs gratis o de 5 € al mes?

Sirven para salir del paso, y son mejores que no tener nada. El coste no está en la cuota: está en tu tiempo montándola, en que el diseño se parece al de otros mil negocios y en que casi ninguna sale bien posicionada. Si tu negocio depende de que te encuentren, el ahorro es aparente.

¿Quieres un presupuesto cerrado para tu caso?

Te respondo en 24 horas con una propuesta concreta y el presupuesto cerrado. Trabajo con negocios de Madrid y alrededores. Si no encaja, te lo digo y ya está.